El Castillo del Gran Capitán fue testigo del nombramiento de Manuel Pimentel como Capataz de Honor de los vinos de Montilla en un acto que congregó a numerosos representantes políticos, bodegueros, cooperativistas y agricultores del marco Montilla-Moriles. En el acto central de la 57 Fiesta de la Vendimia, el ex ministro nombró como capataz de bodega a Rafael Córdoba y como capataz de campo a Juan Portero Laguna, dos títulos honoríficos instaurados el año pasado y designados a propuesta del Consejo Regulador.


El alcalde de Montilla, Federico Cabello de Alba, aludió durante su presentación a la vocación de “embajador permanente” del nuevo capataz de honor, al que presentó como “un lujo” para la comarca Montilla-Moriles. “Este año no encontrábamos un perfil que fuera más adecuado para este cargo, pocas personas puede haber en la zona con mayores méritos y con mayores garantías de éxito en una función como esta: él quiere a la tierra, quiere al vino, conoce perfectamente sus problemas y además es un hombre tremendamente influyente en buena parte del mundo”, sentenció el alcalde.


El escenario histórico que servía de escenario para su nombramiento estuvo presente en el discurso de agradecimiento pronunciado por Pimentel. “En este acto de intimidad”, el editor asentado en Córdoba compartió con el público una leyenda que había conocido en torno al origen del vino. Una leyenda que quería “creer verdadera” y que situaba el descubrimiento del vino “mucho antes de que llegaran los fenicios”, a los que se les atribuye la implantación del vino en esta tierra tras sus viajes por el Mediterráneo.


El que ha sido hasta hace dos meses presidente del Consejo Regulador narró la historia de una tribu paleolítica cuyo chamán tuvo un sueño en el que los dioses le pedían encontrar un elixir que “acompañará nuestra soledad, entornará nuestro ánimo, alegrará nuestros corazones, regará la amistad y enaltecerá los alimentos que acompañe”. Poco después, una nieta de aquel viejo sabio descubrió, por azar, el vino al dejar depositado el zumo de varios racimos de uva de parra sobre cuencos de madera.


El flamante capataz de honor dudó con que “quizás fuera sobre este mismo cerro del Castillo donde el anciano mago, miles de años atrás, reuniera a su clan para darles a probar, por vez primera, el elixir de la felicidad descubierto por su nieta”. “No puedo afirmarlo”, continuó Pimentel, “pero algo en mi corazón me dice que no voy demasiado desencaminado, y como prueba, un botón: miles de años después seguimos siendo el pueblo de la alegría y elaborando uno de los mejores vinos de la tierra”.


La Hermana Mayor de la Hermandad de la Virgen de las Viñas, Valle Ríos, dio lectura al nombramiento oficial que vincula ya al flamante capataz de honor con los caldos Montilla-Moriles hasta la próxima vendimia, una unión que para el caso de Manuel Pimentel, se prolongará “de por vida”, como él mismo pregonó.