La música de una gaita y la percusión de un par de tambores por la calle Ancha anuncian desde primera hora del día el Mercado Medieval. El tiempo regresa al medievo en el entorno de la iglesia de San Agustín, uno de los rincones con más solera de la Montilla histórica que pasa el fin de semana ataviado con tenderetes y puestos de venta más propios de hace seis o siete siglos.

El mercado medieval, al que esta vez la climatología no le jugó una mala pasada,  ha sido el punto de reunión para miles de montillanos desde ayer viernes. La organización corre a cargo de la asociación Malik, con la colaboración de la Concejalía de Festejos, que de nuevo ha querido situar esta actividad en un enclave de elevado significado histórico para la ciudad.

Durante tres días, el Llanete de San Agustín ha cambiado su estampa habitual por jaimas y tenderetes ocupados por artesanos y comerciantes de negocios típicos de época medieval. La programación de actividades incluye pasacalles musicales, un carrusel, talleres infantiles y espectáculos de cetrería. En total, una cuarentena de puestos artesanales y ventas de comidas sorprenden a los visitantes, que tienen una parada obligatoria en la zona de las tabernas.