Montilla irrumpe en el mundo creativo de Rafael Rodríguez

por | Abr 25, 2026 | Cultura

El Ayuntamiento propone una exposición retrospectiva de la obra del artista montillano en San Juan de Dios, el Pretorio de Santa Clara y la Casa del Inca hasta el 7 de junio

Hay trayectorias que no se construyen bajo los focos, sino en el silencio. Durante décadas, la obra de Rafael Rodríguez Portero ha crecido al margen del ruido, refugiada entre paredes y patios íntimos y la calma de su casa de campo en La Toba, ese lugar casi mítico donde el tiempo parece detenerse para dejar paso únicamente al pulso de la creación. Allí, lejos de la mirada pública, este artista montillano, polifacético y profundamente libre, ha dado forma a un universo propio que hasta ahora solo unos pocos privilegiados habían podido contemplar.

Anoche, ese universo se abrió por primera vez. No como una irrupción repentina, sino como una revelación largamente esperada. Las obras que durante años han habitado salones privados y rincones domésticos de Montilla abandonaron su intimidad para ocupar espacios públicos, permitiendo que la ciudadanía descubra, quizá con asombro y sorpresa, la dimensión de un creador que nunca buscó reconocimiento, pero que ha dejado una huella profunda y silenciosa en la ciudad.

La exposición retrospectiva de Rafael Rodríguez no es solo una muestra artística; es un acto de justicia emocional y cultural. Es el gesto colectivo de una ciudad que decide mirar hacia dentro para reconocer a uno de los suyos. Y también es el resultado de la complicidad y el empeño de quienes han sabido entender que el arte, incluso el más discreto, merece ser compartido.

Hace más un año cuando la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Montilla escuchaba la propuesta de Ángel Márquez y Manolo Bellido, ni el alcalde, Rafael Llamas, ni la concejala de Cultura, Sole Raya, dudaron en apostar por dar visibilidad a un ingenio creativo prácticamente desconocido. La satisfacción, propia de una inauguración, fue más que palpable anoche en San Juan de Dios, donde ante familia y amigos, el alcalde conseguía arrancarle a Rodríguez Portero el compromiso de una obra artística para el inminente Museo del Vino de Montilla que el Consistorio construye en El Parador.

Con la aceptación del encargo municipal, finalizaba la apertura de una exposición que estará abierta hasta el 7 de junio en tres escenarios simultáneos: el Pretorio de Santa Clara muestra una treintena de esculturas, la Casa del Inca se ha dedicado a la amplia colección de dibujos y el mencionado salón de San Juan de Dios reúne casi cuarenta cuadros. El horario de visita en todos los espacios será los jueves de 19:00 a 22:00 horas, viernes y sábados de 10:00 a 14:00 y de 19:00 a 22:00 horas y los domingos y festivos de 10:00 a 12:00 h.

Una vida dedicada al arte y la docencia

Rafael Rodríguez Portero (Montilla, 1943). Nieto del afamado capataz Juan Rodríguez que en la década de los años 30 del siglo XX se trasladara desde Jerez para “revolucionar” el mundo de los vinos de Montilla, su formación educativa comenzó en el Colegio Salesiano desde donde forjó una pasión por las artes plásticas, principalmente el dibujo y el modelado del barro, que le llevó a estudiar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla.

Obtenida la licenciatura, ejerció la docencia en varias fases. La primera como profesor de Secundaria en institutos de la provincia y, más tarde, como profesor de escuela de Artes y Oficios, oposición que aprobó tras dedicar una parte de su vida a la fase creativa en exclusividad. Se jubiló como docente de la Escuela de Mateo Inurria de Córdoba.

Con una amplia producción artística, este escultor polifacético capaz de trabajar tanto el modelado del barro, como el tallado en piedra, madera o fundición en bronce, también ha impreso su firma en numerosas pinturas, cerámicas, murales, vidrieras y dibujos. Como cartelista ha puesto su firma en numerosos carteles de la Cata Flamenca de Montilla. El Monumento a San Francisco Solano, inaugurado en 2011, sobresale entre sus conjuntos escultóricos con gran monumentalidad como símbolo de identidad local.