Un fin de semana para conocer la cultura del vino. Con ese propósito se están desarrollando las actividades organizadas por la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Montilla en torno al Día Europeo del Enoturismo, una iniciativa que alcanza ya su cuarta edición y a la que se han sumado los casi ochocientos municipios asociados en RECEVIN, la Red Europea de Ciudades del Vino.

En Montilla, la oferta enoturística se puso en marcha ayer sábado con una jornada pensada inicialmente para disfrutar del paisaje de la campiña vitivinícola en bicicleta. Sin embargo, las abundantes lluvias de la última semana aconsejaban posponer la ruta cicloturista por los caminos para otra ocasión, por lo que los traslados se hicieron finalmente en bus.

No cambió, eso sí, el recorrido diseñado. La ruta comenzaba con un desayuno molinero en la Cooperativa La Aurora para poner rumbo desde allí a la Sierra de Montilla, enclave donde se encuentran todos los lagares montillanos de la Ruta del Vino. Los participantes visitaron Lagar Blanco, Los Raigones, La Primilla y Cañada Navarro, cuatro ejemplos de pequeñas empresas familiares que mantienen su actividad vinícola alrededor, fundamentalmente, del vino de tinaja.

Para el domingo, el Día Europeo del Enoturismo ofrecía en Montilla una experiencia en torno al vino mucho más completa, acercándose los participantes a otros espacios, otros rincones, estrechamente relacionados con la historia montillana como son las tonelerías y las bodegas.

No obstante, el punto de partida estuvo situado en los lagares de la sierra. En esta ocasión, sólo se visitaba un lagar para saborear ese aroma a vino que ya no se desprendería el resto de la ruta. A media mañana, las tonelerías locales abrían para hacer una exhibición, ante sus visitantes, de cómo se hacen los barriles donde los caldos guardan sus secretos.

Y con esa lección aprendida, rumbo a las bodegas. Alvear y Pérez Barquero ponían sus instalaciones al servicio de una ruta que finalizaba con un almuerzo entre botas y barricas. Y con la mejor compañía con la que te puede agasajar una  de estas catedrales, una sugerente variedad de caldos, desde vinos jóvenes hasta los mejores pedro ximénez, sin olvidar el clásico fino, todavía santo y seña de una ciudad consagrada a los encantos del vino.