La Asociación Cultural Amigos de Montilla ha entregado el premio Pámpano de Plata 2011 a Rafael Rodríguez Portero en un acto celebrado en la Casa del Inca y que ha estado presidido por el alcalde de la ciudad, Federico Cabello de Alba. El alcalde ha recordado que a Asociación Cultural Amigos de Montilla, colectivo creado hace 40 años por un grupo de montillanos “con el deseo de defender el patrimonio local, difundir su historia y realzar a los hombres y mujeres más relevantes tanto de nuestro pasado como de nuestro presente”, instauró en 1986 el premio Pámpano de Plata para “homenajear y agradecer la labor y el esfuerzo de personas en bien de Montilla”.

Hasta la fecha se han concedido cinco Pámpanos de Plata. El primer premiado, en 1986, fue Heliodoro Fernández, al que se le reconoció, entre otras cosas, su labor importante en la Oficina de Extensión Agraria. El segundo premio Pámpano de Plata fue para Cristóbal Gómez Garrido, en 1992, un sacerdote dedicado en cuerpo y alma a la recuperación del patrimonio montillano, como lo demuestra su contribución a las mejoras de la Casa de San Juan de Ávila o la parroquia del El Santo.

El tercero correspondió, en 1997, a José Ponferrada, quien también se ha volcado en la difusión del patrimonio montillano a través de la publicación de una buena colección de libros, mientras que el cuarto, en 2007, fue para Rafael Delgado, hombre polifacético que, entre otras cosas, fue el iniciador de la representación dramática de La Pasión y presidió la Asociación de Antiguos Alumnos Salesianos.

Rafael Rodríguez Portero nació en Montilla en 1.943. Pintor, escultor, ceramista y profesor, estudió en el Colegio Salesiano de Montilla. Imperativos familiares le obligaron a abandonar los estudios y a dedicarse durante años a las labores del campo, pero lo que nunca abandonó fue el amor al dibujo, el modelado y la pintura. Es más, recuerda que a los 11 años no le faltaban ni el lápiz ni las hojas de papel donde plasmar sus creaciones. También recuerda como en los descansos laborales del campo modelaba el barro cogido de los mismos terrones de la viña. De ese barro surgían monigotes y otras formas y figuras.


Tras el servicio militar, estudió por libre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. En la capital vivió de los dibujos y pinturas que conseguía vender. Luego se matriculó en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla. Su labor docente la ha ejercido en institutos de Aguilar de la Frontera y Lucena y en la Escuela de Artes y Oficios Mateo Inúrria de Córdoba, entre otros centros.

Junto a esta trayectoria laboral, Rafael Rodríguez no ha dejado de producir pinturas, esculturas, cerámicas y dibujos, que nunca elaboró con un fin comercial, exceptuando algunos encargos. Desde la Asociación Cultural insisten en que “con este homenaje ponemos el primer eslabón para que en un futuro podamos disfrutar de una magna exposición de su producción que englobaría esculturas –una de ellas la disfrutamos en el paseo de Cervantes y próximamente disfrutaremos la escultura majestuosa de San Francisco Solano-, pinturas, dibujos, bocetos, grabados, cerámicas, murales y algunos estudios de vidrieras”.

También relatan que “si alguna cualidad sobresale en Rafael Rodríguez, sobre otras muchas, es su desprendimiento y disposición a colaborar en todo lo se le pide, no solamente en el arte, sino también en otras facetas de la vida. Muestra de lo dicho son las cabeceras de la portada de Nuestro Ambiente, los numerosos carteles que pintó para las catas flamencas, la ilustración de libros, y ese desprendimiento tan generoso que tiene para atender a los amigos de la bodega de La Toba”.

El premio se le otorgó a Rafael Rodríguez “por unanimidad de los miembros de la Asociación Cultural Amigos de Montilla reunidos en asamblea extraordinaria. Es una deuda que el pueblo de Montilla tiene contraída con él”, han resaltado desde el colectivo.

La ilustración del cartel de la entrega del Pámpano es del propio premiado.